jueves, 17 de julio de 2008

EL “ACUERDO” CHAVEZ-URIBE

No puede ser que la relación entre Colombia y Venezuela se reduzca a que sus presidentes se reúnan en secreto y decidan la suerte de más de 70 millones de habitantes, sin que sepamos qué negociaron subrepticiamente.

Las relaciones entre los países son entre dos colectividades que poseen y mantienen instituciones, comercio, cultura, producción de bienes y servicios, organizaciones sociales, políticas, fuerzas armadas, sindicatos, universidades, medios de comunicación, iglesias y millones de ciudadanos.
No se trata del rey de Inglaterra y el de Francia decidiendo sobre el destino de sus reinos. Hugo Chávez y Alvaro Uribe son dos presidentes que le deben explicaciones a sus electores. No informar, al menos a sus respectivos Parlamentos, es en sí un acto antidemocrático. En la reunión secreta de marras, no se firmó ningún compromiso, como se hace en cualquier transacción civil, comercial o legal. Mucho más en las relaciones diplomáticas, políticas o comerciales de los países.
Después de una reunión de Jefes de Estado lo que debemos esperar es un seguimiento a lo convenido. Pero qué subscribieron los presidentes, ¿No volver a mandar batallones a la frontera? ¿Compartir el Golfo de Venezuela? ¿Ayudarse mutuamente para reelegirse? ¿No volverse a poner bravos? ¿Llamarse por teléfono antes de vilipendiarse? ¿No darle apoyo a las FARC?
Uribe ha demostrado los riesgos que asume en el combate a las FARC. Independientemente que seamos antagónicos a las guerrillas colombianas y el narcotráfico, y lo hemos combatido por décadas desde nuestras tribunas, no estamos seguros sí el presidente Uribe es capaz o no de ir a una guerra con el vecino para alcanzar sus objetivos. Por su parte, en un arranque emotivo, “porque estaba dolido”, Chávez ordenó desplegar batallones a la frontera, comprobando igualmente su capacidad de arriesgar hasta la conflagración fraticida. En ambos casos, los demás ciudadanos, colombianos y venezolanos, debemos pararles el trote a los caballos desbocados. Estamos muy preocupados, sobre todo porque recién terminada la reunión de los dos presidentes, el ministro de defensa de Colombia Juan Manuel Santos provocó la ira de Chávez, al desconfiar de su palabra dada a Uribe. Luego, Hugo Chávez exigió al ejecutivo colombiano “poner en su lugar” a Santos, al mismo tiempo que –coincidencialmente- los que parecen ser “ministros” de Chávez, Daniel Ortega y Rafael Correa, en acto público en Ecuador, actuaron como Santos, agrediendo verbalmente a Uribe.
El gobierno colombiano emitió un comunicado ordenando a sus ministros “prudencia en sus declaraciones” para salvaguardar las relaciones con Venezuela. Chávez entonces, de igual forma ordenó prudencia a sus “ministros” en la reunión con Correa y Ortega en Ecuador y este par de incondicionales chavistas se enfocaron en los temas del medio ambiente, los hidrocarburos y la integración Latinoamericana. Ni una sola palabra contra Uribe. ¿Así se manejan las relaciones que pueden terminar en una guerra?Diferente hubiera sido, al termino de la reunión Chávez-Uribe, firmar un documento de compromiso institucional entre las dos Repúblicas que incluyera la no penetración de Fuerzas Armadas Colombianas en territorio venezolano ni el apoyo de la Fuerza Armada Venezolana a las FARC, y que los dos presidentes se vieran obligados a cumplir. Más no fue así, lo que negociaron Uribe y Chávez, sea lo que sea, se lo llevará el viento.
Vladimir Gessen.


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