martes, 11 de diciembre de 2007

EL DERECHO AL PATALEO DE HUGO CHAVEZ

Cuando vimos a Hugo Chávez en televisión aparentemente fuera de sí o al menos profundamente contrariado y mencionando la palabra que indica al excremento humano, nos vino a nuestra mente, algunos de los comportamientos que estudiamos en nuestra profesión de psicólogo.

El síndrome de Tourette debe su nombre al neurólogo francés quien en 1875 describió un trastorno que sufría la Marquesa de Dampierre, cuyos síntomas contenían, además de tic nerviosos, la Coprolalia. Escribía el doctor Georges Gilles de la Tourette: “la Marquesa cambiaba bruscamente su comportamiento cívico. Delante de los invitados comenzaba a insultar a sus contertulios o decir obscenidades. La noble dama parecía poseída por el diablo”.
La Coprolalia es un impulso que tiene quien la sufre, de utilizar insultos o exclamaciones soeces y ofensivas en público. Viene del griego “Kóttpoc” que significa excremento y de “lalia” que traduce hablar. Es una tendencia patológica a decir obscenidades. El lenguaje “coprolálico” se observa en esquizofrénicos además de en el síndrome de Tourette y en púberes y jóvenes adolescentes que quieren mostrarse como adultos porque siempre escucharon de sus padres que no podían decir groserías hasta ser grandes. Lo vemos igualmente en grupos antisociales que demuestran así su disociación con las normas sociales. Por ello, descartamos que Chávez sufra de coprolalia y mucho menos de una psicosis o sociopatía. Es posible que nos encontremos ante un simple caso de ira desbordada.
Existen cuatro emociones básicas que rigen el comportamiento: El placer, el amor, el miedo y la ira, siendo esta última una de las más perniciosas. La ira es el sentimiento de desagrado que una persona tiene ante una circunstancia determinada que le impide actuar de forma serena produciendo alteraciones de la conducta. Quien descargue constantemente y por cualquier motivo su ira, es una persona desadaptada que requiere terapia porque le aumenta la secreción de adrenalina, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco, pudiendo ocasionar accidentes cerebrovasculares y ataques al corazón. En el ámbito emocional crea sentimientos de culpa, depresión, agitación constante y a veces, furia violenta con daños a su propia persona.
Otra opción puede ser el “Derecho a pataleo” que resulta ser una última e inútil actitud de protesta que adopta el que se siente perdido. En el pasado se decía que el derecho a pataleo lo tenían los ahorcados en su postrero momento de vida.
En los niños, la pataleta es una especie de rabieta fingida por el pequeño. Es una exhibición de su disgusto con llanto exasperado o gritos que pretenden llamar la atención. Conviene ignorar al niño y en ese instante no calmarlo ni tratar de razonar con él. Hay que dejarle pasar su berrinche. Lo mejor que se puede hacer es aislarlo bajo vigilancia. Cuando el niño descubre que sus pataletas no logran efecto, esta conducta se extinguirá. Cuando pase el sofoco se debe hablar con el niño, calmarlo y explicarle por qué no podía ser lo que el deseaba a como diera lugar.
Dejemos que estos tiempos navideños de concordia y paz permitan a Hugo Chávez dimensionar en toda su perspectiva lo que el Pueblo, maduramente, le expresó calmado y sin violencia: Continúe como Presidente, rija acorde a la Constitución aprobada masivamente en 1999, olvídese de la reelección y gobierne democráticamente. Así de simple. Señor Presidente, no deje que las emociones controlen su razón.
Vladimir Gessen

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