Se llama “demente” a una persona que tiene episodios maníacos de euforia y los alterna con períodos de tristeza. En las fases eufóricas, el “loco” muestra una autoestima exagerada, habla sin parar, exaltado, vehemente, y se deja llevar por sensaciones de grandeza. Amenaza a otros, es hostil y mantiene conductas inadecuadas. Se le cita asimismo “demente” porque el individuo pasa de la euforia a la depresión de manera cíclica, o exterioriza una gran irritabilidad, ausencia de buen juicio, y conductas ofuscadas o incorrectas en público. Quien presente estos síntomas posiblemente sufre de un Trastorno Afectivo Bipolar de acuerdo al Manuel Diagnóstico de enfermedades mentales. (DSM-IV).
Las palabras como “loco”, “demente” o “lunático” ya no se emplean profesionalmente, por ser vocablos genéricos que no definen las enfermedades o trastornos específicos, y pueden ser peyorativos u ofensivos.
Decir que una persona es “demente” porque sienta
desconfianza de todos, sospeche y se preocupe excesivamente que le vayan a hacer daño, dude acerca de la lealtad de sus cercanos, tenga temor injustificado a que lo traicionen o interprete alcances tenebrosos a partir de circunstancias o sucesos baladíes e intrascendentes, no es la expresión pertinente. Los psiquiatras llaman a este conjunto de síntomas: Trastorno Paranoide de la Personalidad. (DSM-IV).
Cuando un individuo viola los derechos de otros, no se adapta a las normas legales, miente, engaña y manipula a los demás con tal de conseguir algún provecho, toma decisiones sin pensar los pérdidas que pueda causar, sea impulsivo, violento y su conducta arriesgada, se manifieste seguro de sí mismo, arrogante, competitivo, sea mal perdedor y actúe creyendo que el fin justifica los medios, esta persona no esta “loca”. En psicología se le llama Psicópata, en sociología, Sociópata, y en psiquiatría, la enfermedad se denomina Trastorno Disocial o Trastorno Antisocial de la Personalidad. (DSM-IV).
Cuando una persona necesita compulsivamente ser el centro de atención y trata de expresar sus opiniones con emotividad, firmeza y teatralidad, pero sin argumentos de fondo, más bien ambiguos, dudosos, no se apoyan en hechos, y es profundamente egocéntrica, no se debe decir que esta “chiflada”. El término científico es Trastorno Histriónico de la Personalidad. (DSM-IV).
Un comportamiento de grandiosidad, con una supuesta elevada autoestima, necesidad de admiración y auto enamoramiento, fantasías de éxito ilimitado, poder absoluto, sentimientos de ser superiores, de hablar en extenso y con detalles inmorales o inapropiados no definen a un “lunático” sino al “Narcisista” que es quien padece el Trastorno narcisista de la personalidad. (DSM-IV). 
Los ataques de ira que se caracterizan por episodios coléricos y violentos, en los que la persona no puede controlar estos impulsos de ferocidad y de falta del control mental y emocional, comprometiendo la seguridad de otros, con excesos verbales o físicos, insultándolos, lesionándolos, o perjudicando todo a su alrededor, sin medir consecuencias, no se señala que esta “desquiciada”, sino que padece del Trastorno Explosivo Intermitente. (DSM-IV).
Es factible encontrar un individuo que sufra distintas enfermedades mentales a la vez. La Organización Mundial de la Salud define con la palabra comorbilidad a la coexistencia en el mismo individuo de más de un trastorno psiquiátrico. (CIE-10/DSM-IV).
Vladimir Gessen.
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jueves, 16 de octubre de 2008
EL “DEMENTE”
lunes, 24 de marzo de 2008
TRASTORNOS PRESIDENCIALES
El manual de Enfermedades Mentales a escala mundial (DSM IV) clasifica entre el Grupo B, a los Trastornos de Personalidad que se manifiestan por síntomas dramáticos emocionales, como los Trastornos de la Personalidad Histriónica, consistente en emocionalidad excesiva y búsqueda de atención o el Trastorno de Personalidad Antisocial, caracterizado por el desprecio y violación de los derechos ajenos.
En el Trastorno Narcisista las personas se caracterizan por presentar un desmedido sentido de la importancia personal y estar convencidos de poseer características superiores. Están continuamente preocupados por fantasías de éxito, poder, brillantez, belleza o amor imaginario ilimitado, junto a una permanente necesidad de admiración y atención. Presentan una autoestima sobredimensionada, suelen ser muy sensibles a la crítica y se les dificulta tolera
r frustraciones. Para estar a su lado, es necesario adularlos o serán rechazados de su círculo. El narcisismo suele llevar a la megalomanía y al desarrollo de estados que colocan al individuo que lo sufre fuera de la realidad.
La Mitomanía
Las personas mesiánicas tienden a mentir por cuanto necesitan crear su entorno irreal el cual les permita “salvar” al mundo que los rodea y terminan asociándose con la mitomanía. Los mitómanos son mentirosos patológicos. Van de mentira en mentira, elaborando relatos
y explicaciones que llegan a creerse ellos mismos. Son incapaces de reconocer el concepto de la mentira como irreal. Solo tienen una verdad absoluta: la propia. Se sienten por encima del bien y del mal. Embaucan a las personas que viven en su entorno, quienes acaban siendo al tiempo cómplices y víctimas de sus engaños. Aunque parezca lo contrario, por el histrionismo que los caracteriza, los mesiánicos son emocionalmente fríos, calculadores, manipuladores y evitan intimar con los otros. Cuando la comunicación por medio de la mentira, el histrionismo, la paranoia, el narcisismo y los delirios llegan a formar parte de los hábitos personales, se puede provocar una escisión de la personalidad que conduciría a un grado de psicosis en la que se confundiría la f
antasía con la realidad.
Muchos locos han gobernado en el Mundo. La vida de Calígula, asesinado en el año 41 de nuestra era, se encuentra marcada por la violencia, la extraña muerte de su padre, el asesinato de su madre, de sus tíos y de su hermana. En sus últimos días se autoendiosó y llegó a nombrar Cónsul a su caballo Incitatus. Iván el Terrible, disfrutaba los asesinatos en masa y en uno de sus momentos de ira, golpeo a su esposa embarazada hasta matarla. Jorge III de Inglaterra, hablaba sin sentido y murió totalmente demente. En los casos de Juana la Loca, hija de los reyes Católicos y de Carlos II, El Hechizado, sus apodos lo dicen todo. Más reciente, tenemos a Hitler, con graves desordenes de personalidad, delirios y alucinaciones, el caso de Idi Amín Dadá, genocida ugandés que llegó a comerse a sus enemigos y Stalin y Castro, megalómanos y paranoicos que condenaron, fusilaron o asesinaron hasta a sus mas leales camaradas.
En Venezuela, a lo largo de la historia hemos tenido unos cuantos presidentes que pudieran haber sido declarados insanos mentales y puestos en resguardo psiquiátrico. ¿Conoce a algunos de ellos?...
Vladimir Gessen.
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